La paradoja del campo andaluz: la abundante lluvia deja una cosecha de cereal irregular y por debajo de lo esperado

La paradoja del campo andaluz: la abundante lluvia deja una cosecha de cereal irregular y por debajo de lo esperado

El campo andaluz se enfrenta una vez más a una compleja paradoja que pone de manifiesto la vulnerabilidad de un sector esencial para nuestra soberanía y economía. Tras años de pertinaz sequía, las abundantes lluvias de este ciclo agrícola hacían presagiar una campaña de cereales histórica. Sin embargo, la realidad que afrontan nuestros agricultores es bien distinta: una cosecha irregular, marcada por el exceso de agua y con unos rendimientos que, en muchos casos, se sitúan por debajo de las expectativas iniciales.

Organizaciones agrarias como ASAJA ya han advertido de que la campaña de recolección, que ha comenzado en las zonas más tempranas, arroja un balance desigual. Las continuas precipitaciones durante el invierno y la primavera, si bien fueron una bendición para recargar los embalses, han provocado serios problemas en las explotaciones. El principal de ellos ha sido el encharcamiento prolongado de las parcelas, una situación que ha dificultado las labores de siembra y ha causado asfixia radicular en las plantas, mermando su correcto desarrollo.

Un rendimiento desigual que castiga al agricultor

La situación varía enormemente entre comarcas e incluso entre fincas vecinas. Mientras que algunas parcelas bien drenadas y sembradas en momentos oportunos presentan un buen estado, muchas otras han sufrido las consecuencias del exceso de agua, lo que se traducirá en una notable caída de la producción. Las previsiones apuntan a rendimientos moderados, con una media que podría rondar los 3.500 kilogramos por hectárea para el trigo blando y unos 2.800 para el trigo duro, cifras que no se corresponden con las de un año climáticamente favorable.

Este escenario evidencia la extrema dificultad de la labor agrícola. Nuestros hombres y mujeres del campo no solo luchan contra la sequía, sino también contra las inclemencias de un tiempo impredecible. Un año de lluvias abundantes no es garantía de rentabilidad, especialmente cuando se suman otros factores que asfixian al sector primario: unos costes de producción desorbitados, una burocracia asfixiante impuesta desde Bruselas y una competencia desleal de terceros países que no cumplen con nuestras exigentes normativas.

La calidad, otra víctima del exceso de agua

Además de la cantidad, la calidad del grano también se prevé heterogénea. Factores como el nivel de proteína o el peso específico del trigo duro, determinantes para su clasificación comercial y su precio final, dependerán de cómo haya afectado la meteorología a cada parcela. Esto añade una capa más de incertidumbre para el agricultor, que ve cómo su esfuerzo y su inversión penden de un hilo hasta el último momento.

Desde andalucia.world reafirmamos nuestro compromiso con el campo andaluz, pilar fundamental de nuestra tierra y garante de nuestra alimentación. Es imperativo que las administraciones tomen conciencia de esta realidad y articulen mecanismos de apoyo eficaces que protejan a nuestros agricultores. No podemos permitir que, ni en la sequía ni en la abundancia, el resultado para quienes trabajan la tierra sea siempre la incertidumbre y la falta de rentabilidad. Proteger al campo es proteger a Andalucía y a España.


Autor: Redacción | Artículos

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