El campo andaluz vislumbra la recuperación con una histórica siembra de girasol
El campo andaluz, pilar fundamental de nuestra economía y seña de identidad de nuestra tierra, comienza a ver la luz al final de un largo túnel. Tras años marcados por una sequía devastadora que ha puesto en jaque a miles de explotaciones, los últimos meses han traído un respiro en forma de lluvias que, aunque insuficientes para revertir el déficit hídrico estructural, han transformado el paisaje y el ánimo de nuestros agricultores. El mejor símbolo de esta incipiente recuperación es la campaña de girasol, que este año arranca con excelentes perspectivas y un notable aumento de la superficie cultivada.
Según las estimaciones de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, la siembra de girasol superará las 195.000 hectáreas, lo que representa un incremento de aproximadamente un 20% respecto a la campaña anterior. Este dato no es solo una cifra; es el reflejo de la esperanza y la inquebrantable resiliencia de un sector que se niega a rendirse ante la adversidad. El girasol, un cultivo tradicional y adaptado a nuestro clima, se erige como estandarte de un nuevo ciclo que, con el apoyo adecuado, puede consolidar la recuperación.
Una recuperación con contrastes
Sin embargo, el optimismo debe ser cauto, pues las cicatrices de la crisis hídrica son profundas. La recuperación no es uniforme y convive con las secuelas de la escasez de agua. Mientras algunos embalses, como el de La Viñuela en Málaga, han experimentado una recuperación casi milagrosa pasando de estar técnicamente «muertos» en 2024 a rozar el 93% de su capacidad en la actualidad, la realidad en otras áreas del campo es más compleja.
Un claro ejemplo es la campaña del cereal de invierno. Los informes más recientes de la Junta de Andalucía confirman que la recolección ha comenzado en zonas como la campiña gaditana con rendimientos muy por debajo de la media, que apenas alcanzan los 1.700 kg por hectárea en el caso del trigo duro. Estas cifras son la consecuencia directa de un ciclo de cultivo que ha sufrido los estragos de la falta de agua en sus fases más críticas.
La gestión política: el agua como prioridad
Este escenario de contrastes pone de manifiesto una verdad incontestable: la gestión del agua es y debe ser la máxima prioridad. Mientras el Gobierno de la Junta de Andalucía, con Juanma Moreno a la cabeza, ha multiplicado sus esfuerzos invirtiendo en infraestructuras hídricas y destinando cientos de millones de euros en ayudas directas para paliar los efectos de la sequía, el campo andaluz sigue esperando las obras hidráulicas estructurales que son competencia del Gobierno central.
La inacción y la deriva ideológica del Ejecutivo de Pedro Sánchez han lastrado durante años la competitividad de nuestros productores. Los agricultores y ganaderos andaluces no solo han luchado contra la sequía, sino también contra una burocracia asfixiante y una competencia desleal de productos extracomunitarios que no cumplen con los mismos estándares de calidad y seguridad que se exigen aquí. Las masivas movilizaciones que recorrieron nuestra tierra en los últimos años son el clamor de un sector estratégico que se ha sentido abandonado por el Gobierno de la nación.
El campo andaluz ha demostrado una vez más su fortaleza. La esperanza que hoy siembra el girasol debe ser regada con políticas valientes y un compromiso real de todas las administraciones. Es hora de que el Gobierno central abandone los prejuicios ideológicos, ejecute las obras pendientes y defienda en Bruselas y en nuestras fronteras los intereses de un sector que es garantía de futuro, soberanía alimentaria y prosperidad para toda Andalucía.
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