Montero abandona el Gobierno central y activa a contrarreloj las listas del PSOE-A para el 17 de mayo
El calendario electoral andaluz no admite dilaciones. Con el 17 de mayo marcado en rojo, el PSOE de Andalucía ha activado esta semana el proceso de elaboración de sus listas electorales en un contexto de urgencia que refleja el estado de desorganización interna del partido. María Jesús Montero, recién cesada como vicepresidenta primera del Gobierno de España y exministra de Hacienda, asume ahora en exclusiva el rol de candidata a la Presidencia de la Junta, intentando rentabilizar electoralmente en Andalucía el desgaste acumulado durante años al servicio de Pedro Sánchez en Madrid.
Según el procedimiento aprobado por la Comisión Ejecutiva Regional del PSOE-A el pasado 27 de marzo —y ratificado por la Comisión Ejecutiva Federal—, las Asambleas Locales se celebrarán los días 6 y 7 de abril. A continuación, el miércoles 8 de abril se reunirán las Comisiones Ejecutivas Provinciales para elevar sus propuestas. El 9 de abril es la fecha límite para remitir a la ejecutiva regional la documentación de los candidatos, y el viernes 10 de abril está previsto que se reúnan la Comisión Regional de Ética, la de Listas y el Comité Director para dar luz verde definitiva a las candidaturas. Un proceso acelerado que evidencia la tardanza con la que el PSOE ha reaccionado al adelanto electoral convocado por Juanma Moreno.
La renuncia de Montero a sus responsabilidades en el Ejecutivo central no ha sido voluntaria: el presidente Sánchez la ha sustituido en la Vicepresidencia Primera por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y en el Ministerio de Hacienda por Arcardi España. En otras palabras, Madrid prescinde de ella justo cuando Andalucía la necesita. El mensaje que llega a los votantes andaluces no podría ser más revelador: Montero no abandona el Gobierno por convicción o por vocación andaluza, sino porque ha sido apartada del centro del poder estatal para ser utilizada como cabeza de cartel en la batalla que el PSOE da casi por perdida en su antigua fortaleza.
Las listas que emerjan de este proceso responderán, según el reglamento aprobado, a los criterios de paridad y al «principio de igualdad de todos los afiliados para acceder a los cargos públicos». No obstante, la realidad orgánica del PSOE andaluz deja poco margen para la sorpresa: los nombres de confianza de Montero y de la dirección federal ya están en gran medida predeterminados, y las asambleas provinciales ejercerán una autonomía más formal que real a la hora de configurar los puestos de salida.
El contraste con la situación del PP de Andalucía no puede ser más llamativo. Mientras el equipo de Juanma Moreno lleva meses preparando una candidatura cohesionada y respaldada por ocho años de gestión continuada al frente de la Junta, el PSOE llega a las elecciones con una candidata que acaba de dejar sus despachos en Madrid y un aparato orgánico que debe montar sus listas en apenas una semana. Las encuestas reflejan sin piedad esta asimetría: el PSOE-A se encamina hacia su peor resultado histórico en Andalucía, mientras Montero no logra remontar una imagen pública que acumula el rechazo de amplias capas del electorado andaluz.
La pregunta que se hacen muchos observadores políticos es si Montero ha asumido esta candidatura con la convicción de que puede ganar o con la resignación de quien sabe que su misión es limitar los daños y mantener viva la llama socialista en una Andalucía que hace tiempo dejó de ser territorio propio. Los próximos días, con la configuración de las listas, ofrecerán pistas sobre cuál es el verdadero ánimo de un partido que necesita un milagro para recuperar la tierra que gobernó durante casi cuarenta años.
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