Córdoba se viste de gala para las Cruces de Mayo entre la devoción popular y las trabas burocráticas
El mes de mayo, el más emblemático para Córdoba, arranca este miércoles con la inauguración de una de sus fiestas más queridas y vistosas: las Cruces de Mayo. Un total de 52 cruces engalanarán plazas, patios y recintos de la capital, reafirmando una tradición que combina la devoción religiosa con la celebración popular. Este año, la fiesta se presenta con un balance de siete bajas y siete nuevas incorporaciones, un reflejo de la vitalidad y los desafíos a los que se enfrenta esta costumbre tan andaluza.
Como viene siendo habitual, las hermandades y cofradías se erigen como las grandes protagonistas y guardianas de esta tradición. Para muchas de ellas, la organización de una cruz se ha convertido en la principal fuente de ingresos del año, un esfuerzo voluntario que permite no solo mantener viva la fiesta, sino también financiar su labor social y de conservación del patrimonio durante todo el año. De las 52 cruces que participarán en el concurso, 19 se ubican en el casco histórico, 22 en zonas más modernas y 11 en recintos cerrados, tejiendo un mapa de fervor y color por toda la ciudad.
La burocracia, un obstáculo para la tradición
Sin embargo, no todo es celebración. El arranque de la fiesta se ve empañado por las dificultades que varias asociaciones han encontrado en el camino. Siete entidades que tradicionalmente participaban se han visto obligadas a retirarse del concurso, y en muchos casos, la razón apunta directamente a la complejidad administrativa impuesta desde el Ayuntamiento.
Algunas asociaciones, como la de Amigos de los Niños Saharauis o el Club Figueroa, alegan no haber recibido la notificación de la convocatoria a tiempo, lo que les hizo pasar el plazo de inscripción. Otras, como Sonrisa de Lunares, denuncian un fallo informático en el registro municipal que invalidó su solicitud, sin que se les ofreciera una solución. Este tipo de incidentes alimenta una queja recurrente entre los organizadores, que son en su mayoría voluntarios.
«Si el Ayuntamiento de Córdoba quiere mantener esta tradición, estaría bien que tuviera en cuenta que todos los que montamos las cruces somos voluntarios para reducir la burocracia lo más posible», señala un responsable de una de las cruces afectadas. Una demanda de sentido común que busca proteger el esfuerzo desinteresado de los cordobeses frente a un entramado administrativo que, a menudo, parece más un obstáculo que una ayuda.
Renovación y arte a pesar de las dificultades
A pesar de las trabas y con la mirada puesta en un cielo que amenaza con lluvia, el espíritu de la fiesta prevalece. La resiliencia de esta tradición se demuestra con la incorporación de siete nuevas entidades, entre las que se encuentran la Hermandad de la Estrella y la del Rescatado, que regresa tras varios años de ausencia. Estas nuevas cruces aseguran la renovación y el futuro de la celebración.
Los voluntarios trabajaban a contrarreloj en las últimas horas para finalizar los montajes, verdaderas obras de arte efímero. Destacan propuestas como la de la hermandad del Huerto, que este año sorprende con una réplica de la noria de la Albolafia, o la del Nazareno, con una estructura inspirada en la fuente de San Lorenzo. Son ejemplos del mimo y la creatividad que los cordobeses dedican a sus cruces, un patrimonio cultural que merece ser cuidado y facilitado por las instituciones.
La fiesta se extenderá hasta el domingo 3 de mayo, con horarios que se adaptan a los días laborables y festivos, aunque con la obligatoriedad de reducir el volumen de la música entre las 16:00 y las 19:00 horas, una medida para garantizar el descanso de los vecinos. Córdoba, una vez más, ofrece al mundo su mejor cara, uniendo tradición, fe y convivencia en torno a la Santa Cruz.
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