El PSOE reconoce su fracaso en el centro y gira a la izquierda radical en busca de votos para el 17-M

El PSOE reconoce su fracaso en el centro y gira a la izquierda radical en busca de votos para el 17-M

El Partido Socialista en Andalucía ha consumado en los últimos días una rendición estratégica que habla por sí sola del estado en que se encuentra la formación de cara a las elecciones del 17 de mayo: sus propios dirigentes reconocen en privado —y cada vez menos en privado— que no pueden disputar el espacio de centro al PP de Juanma Moreno. La respuesta no es corregir el rumbo, sino profundizar en él: virar hacia la izquierda más radical en busca de los votos que se les escapan por el lado equivocado del tablero político.

La estrategia, confirmada por fuentes del propio partido, consiste en endurecer el discurso y apostar por la polarización, presentando al PSOE como la única barrera frente a lo que llaman «el bloque de la derecha y la extrema derecha». En la práctica, esto significa abandonar cualquier pretensión de gobernar para todos los andaluces y refugiarse en una trinchera ideológica que, según todas las encuestas disponibles, está lejos de ser mayoritaria en esta comunidad. Otro factor que preocupa seriamente al PSOE es el posible sorpasso del VOX de Manuel Gavira que algunas encuesta lo ven posible hasta en 4 provincias andaluzas.

María Jesús Montero, que llegó a la candidatura directamente desde el Consejo de Ministros donde ejercía como ministra de Hacienda, centrará su campaña en el sistema sanitario público, un terreno en el que el PSOE confía en hacer daño a la Junta tras el escándalo del programa de detección precoz del cáncer de mama, que provocó protestas masivas y la dimisión de la consejera de Salud. Sin embargo, los analistas advierten de que la identificación de Montero con la política del Gobierno de Pedro Sánchez puede resultar más un lastre que un activo en una comunidad que lleva años apostando mayoritariamente por el centro-derecha.

Las encuestas son implacables: el PSOE se sitúa en torno a los 28 escaños y el 23,4% del voto, lo que supondría su peor resultado histórico en Andalucía, cayendo incluso por debajo de los 30 escaños que obtuvo en 2022. La distancia con Juanma Moreno supera los treinta puntos en valoración directa de liderazgo, una brecha que difícilmente puede colmarse con un giro táctico a pocas semanas de las elecciones.

La paradoja en la que se encuentra Montero resulta casi kafkiana: necesita que VOX crezca para poder agitar el voto del miedo, pero al mismo tiempo teme que ese crecimiento consolide un bloque de derecha capaz de gobernar con comodidad. Y a su izquierda, la recomposición de la coalición Por Andalucía —con la incorporación de Podemos— amenaza con restarle votos precisamente en el único espacio donde el PSOE aún tiene margen de mejora.

El cuadro que se dibuja para los socialistas no es alentador. Salvo una sorpresa que ninguna empresa demoscópica ha detectado, el PSOE no será la fuerza más votada el 17-M ni estará en condiciones de armar una mayoría de gobierno con los partidos de su izquierda. La noche electoral apunta a ser una nueva derrota histórica para una formación que gobernó Andalucía durante treinta y siete años y que hoy se afana en convencer a sus propios votantes de que merece una oportunidad que los andaluces, una y otra vez, parecen no estar dispuestos a concederle.


Autor: Redacción | Artículos

Deja una respuesta

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies